El Alto

Se acercaba la época de navidad. Las luces parpadeantes se alcanzaban a ver en medio del pastizal alto y los cafetales amontonados. Las fiestas del pueblo iniciaban y los vecinos de las veredas aledañas bajaban, para disfrutar de los alumbrados del parque central y estar sin falta en cada una de las novenas, esperando con fé el nacimiento del niño Dios. Al menos eso escuchaba Anita entre los árboles, mientras esperaba a que los campesinos se fueran para así poder recoger la fruta que habían desechado.

De vuelta a casa, disfrutaban las frutas más dulces, con su amigo Apolo y, al llegara la casucha más alta, Anita prendía la fogata y junto con Apolo dormían alrededor de ella. Al siguiente dia, repetían la rutina.

Anita siempre había admirado a su padre, muy a las cuatro de la mañana se despertaba a cortar los racimos de plátano, y ponía a hacer patacones con arepas “Papá debía extrañar mucho a mamá” pensaba anita apenas despertaba por el olor a chocolate con canela. Era la rutina de ella, ver a su papá trabajar en la finca, mientras su hermana mayor iba a la escuela. En esa época habían toques de queda por la Guerrilla.

Esa noche nunca la olvidó, su hermana no volvió ese día y los muchachos armados llegaron a la finca y se llevaron a su papá, mientras ella se escondía debajo de los platanales. Después de eso Anita trabajó, día y noche para no dejar perder la finca, su hermana tampoco volvía y ella con solo siete años ¿que podía hacer?. Poco a poco aprendió a cortar los racimos de plátano tal cual como su padre lo hacía y Apolo siempre iba de cazar.

Anita se sentía mal por robar gallinas de sus vecinos, pero tenía que alimentarse y alimentar a Apolo. Lo único bueno era que nadie parecía notar la ausencia de las gallinas ni de los huevos que ella robaba en medio de la noche, se había vuelto casi como un ágil zorro.

Una noche tormentosa,el techo de la casucha salió a volar, ella no tenía idea de cómo arreglarla y “¿que diría papá cuando volviera?” Sería la vergüenza por no poder cuidar la finca. Intentaba hablar con los campesinos que alguna vez trabajaron con el papá, pero eso no funcionaba era tan ignorada que era como si no existiera “Debe ser poque soy una niña ¿cierto Apolo?”. Los días pasaron y de nuevo las habladurías de las luces y novenas de navidad habían vuelto y era hora de hacer algo al respecto. No podía seguir viendo como la finca se deterioraba y ser la vergüenza de la familia.

Esa noche cuando volvían de su rutina de recoger las frutas desperdiciadas, Anita se sentó frente a la fogata y preguntó “¿Crees que papá volverá pronto, o deberíamos buscarlo?” Apolo se sentó y batió la cola. “Tienes razón, mañana bajaremos al pueblo y preguntaremos por él” El cielo se iluminó de fuegos pirotécnicos. Al fin era navidad, todos los niños estaban recibiendo regalos mientras Anita se acurrucaba con Apolo para esperar el nuevo día, pues debían emprender su viaje apenas el sol saliera.

Después de cuatro horas largas de caminata por fin vieron la primera casa que daba la bienvenida al pueblo. En aquella casa esquinera con una terraza que iniciaba el camino, estaba una anciana sentada en la mecedora y,con su mirada fija fue interrumpida por una pequeña.“Buenas tardes abuelita,vengo buscando a mi papá se llama Ramón el que vive en la casucha del alto. ¿Lo ha visto? Dijo Anita interponiéndose entre el paisaje y la anciana. “Niña, llevo años viviendo aquí y esa casucha lleva años abandonada.” Le respondió a Anita con palabras vacías como si la muerte se hubiera apoderado ya hace rato de ella. “Se equivoca, ha sido solo un año, él es mi papá, unos hombres con uniformes se lo llevaron”. “Hace años los uniformados dejaron de venir por acá”. Dijo la anciana mientras cerraba los ojos lentamente” Anita siguió su camino con Apolo, las calles estaban desoladas. “Seguro es porque en días festivos no abren y todos deben estar pasando la resaca de la noche buena, eso pasaba cuando bajamos al pueblo con papá”.

Las casas tenían sus puertas cerradas, los pájaros no cantaban y el campanario de la iglesia tampoco sonaba. “¿No crees que la abuelita me estaba mintiendo? Le dijo Anita a Apolo mientras caminaban, pero de pronto Apolo salió a correr “Apolo espera” gritaba Anita y corría detrás deél.Al fin sedetuvo se sentó enfrente de una casa con rejas, la puerta estaba abierta pero no se veía a nadie dentro.“Hola, buenas tardes” Gritaba anita entre las rejas “Busco a mi papá Ramón”. En ese momento salió un hombre en bastón quien venía desde el patio trasero. Arrastraba sus pies cansados y allí Anita lo reconoció era su papá “pero ¿por qué está tan viejo” y detrás de él salió una adolescente corriendo “Abuelo, mi mamá dijo que no puede caminar” El viejo revolvió revolvió el cabello de su nieta y dijo “Creo que Anita ha venido a buscarme” “¿Mi tía anita? ¿La que la guerrilla mató en el alto? “Si ella misma, dile a tu mamá que Anita vino por mi” El hombre llegó a la puerta tomó a Anita de la mano y juntos caminaron de vuelta al alto.

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